Conmovedores testimonios de dos veteranos de guerra de Malvinas que visitaron el «cole»

 

Con testimonios conmovedores, Eduardo Cappanari y Esteban Páez, veteranos de guerra de Malvinas, visitaron este martes 3 de abril el Instituto Educacional José Hernández, para relatar crudamente lo ocurrido y vivido en la Guerra del Atlántico Sur, que se llevó la vida de 649 soldados argentinos.

Durante los primeros instantes, Páez habló del significado de dar la vida por la Patria y se refirió a estrofas fundamentales del Himno Nacional: «O juremos con gloria morir». En tal sentido, destacó que muchos compatriotas quedaron en las aguas y las tierras del sur, al tiempo que subrayó el sentimiento de soledad, durante el conflicto bélico, mientras pensaba en su madre o en sus amigos.

Cappanari, nacido en La Plata pero cordobés por adopción, afirmó: «Soy hijo único pero Malvinas me dio 10 mil hermanos». Luego, añadió: «Malvinas es todos los días». Además, remarcó que 649 compatriotas perdieron su vida en la guerra, pero que 350 se quitaron la vida por el olvido en el que cayeron los ex combatientes.

«Nunca fuimos chicos de la guerra. Fuimos soldados bajo bandera. Peleamos por un derecho que es nuestro y es de todos ustedes», agregó Cappanari.

 

 

PREGUNTAS Y RESPUESTAS CARGADAS DE EMOCIÓN

En el intercambio con los alumnos, que hicieron preguntas de lo más variadas, los invitados se emocionaron y dejaron frases muy hondas.

«Es muy duro vivir el resto de tu vida cuando tuviste un enfrentamiento cuerpo a cuerpo y mataste a alguien, como ocurrió con compañeros nuestros en Ganso Verde», destacaron. «En una guerra no gana nadie: todos pierden», subrayaron.

Páez relató que el 6 de abril arribó a las Malvinas y que meses después volvió al continente con la misma ropa. «Éramos una piltrafa», describió. Desde Comodoro Rivadavia, y luego de unas gestiones de la Cruz Roja, llamó al teléfono fijo de su casa. No estaban ni su madre ni su padre, por lo que la primera persona con la que logró dialogar fue con su abuela. «Nuestros familiares no sabían si estábamos vivos o muertos hasta que no nos veían», rememoró.

«Ésta es una tierra de paz. No estamos preparados para la guerra», argumentó más tarde. «La herida más dolorosa es el olvido», señaló.

 

 

Cappanari también rememoró que a fines de 1982, pocos meses después del final del conflicto bélico, se autolesionó, cortándose los antebrazos con vidrios. Entiende que por aquellos días esa era una forma de decir «aquí estoy, volví» y de captar una atención que no tenían.

Durante su relato, describió el terreno en Malvinas: el suelo es rocoso, no hay árboles y sólo existen dos ríos, uno de ellos lleno de piedras. El suelo es de turba, que sirve como combustible y como abono. «Desde el 9 de abril hasta el 18 de junio no me bañé. Eso hizo que juntara grasa en el cuerpo y la ropa, para mantener el calor», detalló.

Asimismo, el veterano de guerra platense recordó el durísimo momento del regreso. Había bajado 40 kilos y había vivido momentos desgarradores. Su aspecto había cambiado tanto que, al golpear la puerta de su casa, su propia madre no lo reconoció. Es más, a su madre le había llegado la información –errónea, por cierto- de que su único hijo había muerto en combate.

«El hecho de tener un grado, una jerarquía, no quita que todos éramos soldados», planteó Cappanari, quien era sargento primero.

Al momento de referirse a los momentos más duros, en un marco tan duro como una guerra, destacó dos sucesos que lo marcaron para siempre. Primero, haber perdido a dos soldados de su unidad y a un compañero que fue como voluntario, con el cual poco antes habían intercambiado sus pasamontañas. Segundo, cuando debieron entregar el armamento, luego de la rendición, por el dolor de la derrota.

«Agradezco la vida, los hijos, los nietos, pero yo hubiera querido quedarme allí», relató, emocionado, entre lágrimas. Cuando le consultaron si volvería a combatir en Malvinas, su llanto entrecortó su respuesta. «Con todo mi corazón, no me cabe duda de que volvería», remarcó.

Asimismo, Cappanari planteó que antes de la llegada de las tropas inglesas jamás imaginó la crueldad de una guerra. «Pensé que iba a ser una escaramuza de 20 días, que los ingleses no iban a venir y que todo se terminaría con un acuerdo diplomático», recordó.

 

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